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EL ÁRBOL MÁGICO DE DON FLORIPONDIO

miércoles, 21 de marzo de 2007

CAPÍTULO II: EL PRIMER DÍA DE CLASE

Por fin llegó el primer día de clase.
Atrás habían dejado el verano y con él las vacaciones.
Ahora, todos se preparaban para comenzar el nuevo curso.
Todos llegaban con la piel más morena, el rostro lleno de ilusión y el ánimo repleto de entusiasmo.

Don Floripondio había pasado el mes de agosto fuera del pueblo, por eso su primer saludo, cuando todos estuvieron sentados en sus mesas, estuvo acompañado de una pregunta.

- ¿Qué tal las vacaciones?

Cada uno fue respondiendo y, poco a poco, fueron participando todos.
Unos, simplemente lo habían pasado muy bien, otros contaron los más mínimos detalles y algunos hasta mezclaron cosas del verano pasado.

La primera mañana se limitó prácticamente a esto y poco más.
Antes del recreo, Don Floripondio les dijo que, como todos los años, harían una actividad artística, propia del Otoño.

- Se trata, explicó Don Floripondio, de decorar un gran árbol como símbolo de la estación del Otoño que comenzaremos dentro de unos días.
Le llamaremos “El árbol del otoño” y en él participaremos todos.

- ¿Y será muy alto?, preguntó Ana, al ver los gestos de Don Floripondio cuando lo explicaba.
- Bueno, más alto que vosotros, seguro. Ahora, si me preguntas cuánto, yo creo que haremos un árbol el doble que tú.
- ¡Uy!, exclamaron algunos de la clase.
- ¿Y tendrá muchas ramas?
- ¿Y le pondremos hojas?
- ¿Y le pintaremos fruta?

- ¡Mirad!, respondió Don Floripondio a todas las preguntas.
Se trata de un árbol, muy grande y, ¡claro que tendrá ramas!
¿Habéis visto alguna vez un árbol sin ramas?
Y, ¡claro que tendrá fruta!
Serán manzanas o peras, pero... mañana ya os lo explicaré.
Ahora a recreo.
Seguro que mañana se os quitarán, las dudas.
¡Vamos! ¡A jugar!, les invitó Don Floripondio, mientras abría la puerta de clase
.

Cuando volvieron del recreo, encontraron a Don Floripondio sentado en la mesa.
En su cuaderno de apuntes había dibujado varios árboles.

Unos sin hojas y muchas ramas.
Otros con hojas y manzanas colgando de sus ramas y otros, finalmente, sólo con ramas y alguna hoja caída en el suelo.
Eran distintas formas de árboles frutales con los que Don Floripondio quería enseñar a sus alumnos cómo podrían representar el “árbol del otoño”.

¡Don Floripondio es un artista!, pensaban todos mientras pasaban delante de su mesa.

Al final de la mañana, Don Floripondio se despidió, como siempre, sujetando la puerta de la clase, mientras una sonrisa de cariño salía de su boca.

- Hasta la tarde, que os enseñaré mis dibujos del árbol del otoño.
- Hasta la tarde, contestaban todos, despidiendo a Don Floripondio.
Sólo Sandro se dio la vuelta.
En su cabeza le quedaba una pregunta.

- Pero ¿podremos traer hojas secas para ponerlas en el árbol? preguntó, mientras pensaba en la hilera de chopos que había cerca de su casa, junto al abrevadero.
- No, dijo Don Floripondio.
Trabajaremos en la clase de Artística y todos los adornos del árbol los dibujaremos y pintaremos nosotros.

Camino de casa se fueron alternando los comentarios
A Clara le gustaría que el árbol del otoño fuera un manzano, como los que tenía en la huerta a las afueras del pueblo
A Claudia le daba lo mismo, ella tenía higueras en el corral de su casa y Don Floripondio no iba a elegir la higuera como árbol del otoño,
Alejandro hubiera preferido una parra como la que tenía en la pared del patio de su casa, pero lo que dijera Don Floripondio estaría bien.
- ¡Eso!, dijo Marcos, mientras se despedían. Don Floripondio es un artista y seguro que el árbol que elija será el mejor.
- ¡Claro!, dijo Lucía a distancia. De todas maneras hoy por la tarde nos lo explicará y mañana comenzaremos el trabajo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta el cuento de DON FLORIPONDIO porque es muy divertido como alumna de clase,total me encanta Jose Luis.

Anónimo dijo...

me gusta mucho este cuento pero el dibujo esta unpoco soso no cres.

Anónimo dijo...

!Olé! !Olé! !Olé