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EL ÁRBOL MÁGICO DE DON FLORIPONDIO

miércoles, 25 de abril de 2007

CAPÍTULO VI: ESPERANDO DE NUEVO LAS CINCO

Don Floripondio terminó el cuento mirando a “su amigo el árbol”, pero los niños, entusiasmados, seguían atentos.

Apoyando su codo en la mesa y la mano en la mejilla, esperaban la palabra de Don Floripondio.

- Nuestro árbol, dijo después de un silencio, también tiene hojas amarillas, pero es tan bueno, que no deja caer ni una, para que no tengamos que recogerlas.

- Es que no son verdaderas, dijo Sara.

- Sí, es verdad, pero ¡están tan bien pintadas! que parecen verdaderas.

- Como los árboles del cuento, dijo Adolfo.

- ¡Claro!, dijo Marcos.

- En las películas de dibujos animados, levantó la mano Clara, hablan y se ríen. Y tienen vida como nosotros.

Don Floripondio guardaba silencio.
La conversación de sus alumnos le daba mucha alegría porque, para Don Floripondio, todo lo del árbol era verdadero y las mágicas conversaciones con su amigo, eran el mejor regalo del día.

Esa tarde, había mirado varias veces su reloj, pero la manecilla pequeña no acababa de llegar al número cinco.
¡Tenía tantas ganas de hablar con su amigo!
¡Tenía tantas cosas que contarle!.

Cuando llegó la hora, se puso a la puerta y fue despidiendo a todos con una sonrisa.
Cuando pasó el último, corrió muy rápido a su lado y quiso saludarle pero, su amigo, ya se había adelantado.

- ¡Hola! Flori. ¿Cómo has pasado el día?

- Muy bien, respondió Don Floripondio.

Ya habrás visto lo que hemos estado haciendo.

- ¿Qué habéis estado haciendo?

Don Floripondio le explicó lo bien que hacían los problemas con sus manzanas y sus hojas.
También le contó que muy pronto llegaría la Navidad.
Pero en lo que más se entretuvo fue en el cuento de “los árboles solidarios!.
Don Floripondio se lo contó, como si estuviera haciendo un teatro.
Movía las manos y sacudía su cuerpo imitando a las hojas al caerse de los árboles.
Hablaba como un pregonero, al recitar el aviso que recibieron cada uno de los árboles e hizo reír a carcajadas a su amigo, cuando imitó al árbol más viejo del cuento, corriendo a sacudir sus hojas.

- ¡Qué bonito!, dijo el árbol, cuando terminó de contárselo.

Los dos estuvieron un rato en silencio.
Estaban emocionados.
El árbol se sentía protagonista y Don Floripondio, ¡había tenido tantas ganas que llegara este momento!
Pero ahora estaba satisfecho. Se lo había contado y le había gustado mucho.

- Y a los niños, ¿qué es lo que más les ha gustado?, le preguntó el árbol.

- Les ha gustado todo, pero lo que más me han comentado es la solidaridad de todos con los jardineros.
También se han reído mucho, como tú, con la escena del olmo que se durmió y tuvo que salir corriendo.

Don Floripondio miró el reloj.
Era ya tarde.
Había pasado mucho tiempo aunque para él todo era muy corto, cuando estaba con su amigo

- Me tengo que marchar, dijo Don Floripondio.
Mañana seguiremos hablando.

- ¿Te puedo pedir un favor?, le preguntó el árbol.

- ¡Claro!

- Mañana ¿me volverás a contar otro cuento?

- Mañana te contaré otro cuento muy bonito

- Hasta mañana, amigo Flori, dijo el árbol con una sonrisa de agradecimiento.

- Hasta mañana, respondió Don Floripondio mientras cerraba la puerta.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

este capitulo es uno dr los que mas me gusta Jose Luis.

Anónimo dijo...

Jose Luis me ha gustado mucho porque tiene una imaginación de sueños es decir que puedes soñar hasta toda la noche. Total me encantan.

Anónimo dijo...

Como moooooooooooooooooooolaaaa estos cuentos de Jose Luis aunque me gustan más los cuentos que los dibujos.

Anónimo dijo...

He leido hoy todos los capítulos porque mi hijo me lo dijo.
Me han gustado mucho y las opiniones tambien.

Anónimo dijo...

!olé! !olé! !olé!

Anónimo dijo...

ni e leid ni lo boi a acer