Para Don Floripondio, como artista, el árbol era la ilusión de todos los años.
Así lo veían sus alumnos cuando, durante las clases, se acercaba a la pared y le sonreía.
Pero nadie sabía que, para D. Floripondio, era un amigo con el que todas las tardes, cuando terminaban las clases y él se quedaba solo, se acercaba y, juntos, hablaban, dialogaban y se contaban sus cosas.
Aquella primera tarde, Don Floripondio estaba un poco nervioso.
¡Veía tan bonito a su amigo, colocado en la pared y adornado con tantos detalles!
Tenía muchas ganas de estar solo, acercarse y hablar con él.
Durante el día había mirado repetidas veces a la pared y guiñando el ojo le había sonreído.
Había acariciado su tronco y sus ramas, simulando que quería saber si la pintura de los niños ya estaba lo suficientemente seca y de vez en cuando había colocado la hoja que estaba un poco caída, la fruta que no se veía bien o el niño que no estaba bien agarrado al tronco.
Todas eran disculpas para Don Floripondio que quería estar lo más cerca posible de su amigo.
Cuando llegaron las cinco y salió el último niño, Don Floripondio cerró la puerta y se acercó a la pared donde estaba su amigo.
Así lo veían sus alumnos cuando, durante las clases, se acercaba a la pared y le sonreía.
Pero nadie sabía que, para D. Floripondio, era un amigo con el que todas las tardes, cuando terminaban las clases y él se quedaba solo, se acercaba y, juntos, hablaban, dialogaban y se contaban sus cosas.
Aquella primera tarde, Don Floripondio estaba un poco nervioso.
¡Veía tan bonito a su amigo, colocado en la pared y adornado con tantos detalles!
Tenía muchas ganas de estar solo, acercarse y hablar con él.
Durante el día había mirado repetidas veces a la pared y guiñando el ojo le había sonreído.
Había acariciado su tronco y sus ramas, simulando que quería saber si la pintura de los niños ya estaba lo suficientemente seca y de vez en cuando había colocado la hoja que estaba un poco caída, la fruta que no se veía bien o el niño que no estaba bien agarrado al tronco.
Todas eran disculpas para Don Floripondio que quería estar lo más cerca posible de su amigo.
Cuando llegaron las cinco y salió el último niño, Don Floripondio cerró la puerta y se acercó a la pared donde estaba su amigo.
- ¿Qué te parece cómo te hemos vestido?, le preguntó Don Floripondio.
- Yo no puedo verme, contestó el árbol, pero los comentarios de tus alumnos son suficientes para saber lo bonito que estoy.
- Estás muy bonito y no te falta ni un detalle.
- ¡Eres tan buen artista!, dijo su amigo el árbol
- Y sabes cómo te llamas, ¿no?, dijo Don Floripondio queriendo cambiar de conversación.
El árbol miró a Don Floripondio y quedó pensativo. Sabía cómo se llamaba pero quería decírselo a su amigo Flori con un poema que de pequeño le habían enseñado.
- ¿Qué te pasa?, preguntó Don Floripondio
- Estoy pensando.
- Y, ¿en qué piensas?
- Estoy pensando en mi nombre para decírtelo en verso.
- ¿Cómo en verso?, dijo Don Floripondio extrañado.
- ¡Mira!, recitó su amigo el árbol:
Soy el árbol del otoño
con poca savia y sin flor.
Pero tengo por dentro la vida
y el suficiente calor
que en primavera florezco
y doy al paisaje color
- Yo no puedo verme, contestó el árbol, pero los comentarios de tus alumnos son suficientes para saber lo bonito que estoy.
- Estás muy bonito y no te falta ni un detalle.
- ¡Eres tan buen artista!, dijo su amigo el árbol
- Y sabes cómo te llamas, ¿no?, dijo Don Floripondio queriendo cambiar de conversación.
El árbol miró a Don Floripondio y quedó pensativo. Sabía cómo se llamaba pero quería decírselo a su amigo Flori con un poema que de pequeño le habían enseñado.
- ¿Qué te pasa?, preguntó Don Floripondio
- Estoy pensando.
- Y, ¿en qué piensas?
- Estoy pensando en mi nombre para decírtelo en verso.
- ¿Cómo en verso?, dijo Don Floripondio extrañado.
- ¡Mira!, recitó su amigo el árbol:
Soy el árbol del otoño
con poca savia y sin flor.
Pero tengo por dentro la vida
y el suficiente calor
que en primavera florezco
y doy al paisaje color
- ¡Qué poema tan bonito!, dijo Don Floripondio.
Mañana se lo dirás a todos los niños. ¡Ya verás lo que les va a gustar!
Amigo Flori, así le llamaba cariñosamente. Ya sabes que yo, durante las horas de clase soy un árbol elegante y muy bien pintado pero sólo un dibujo y no puedo hablar con nadie.
Amigo Flori, así le llamaba cariñosamente. Ya sabes que yo, durante las horas de clase soy un árbol elegante y muy bien pintado pero sólo un dibujo y no puedo hablar con nadie.
- Claro, tienes razón, dijo Don Floripondio, pero a mí se me olvida que para todos eres un árbol normal.
Mañana, yo se lo diré y lo aprenderán como aprendieron el otro día la canción del teatro.
- ¿Qué teatro?
- ¿No te lo he contado?
Ayer estuvimos en el teatro. Fue una obra que les gustó mucho a los niños.
Mañana, yo se lo diré y lo aprenderán como aprendieron el otro día la canción del teatro.
- ¿Qué teatro?
- ¿No te lo he contado?
Ayer estuvimos en el teatro. Fue una obra que les gustó mucho a los niños.
- De ¿qué trataba?
- Fue un tema muy interesante.
- Fue un tema muy interesante.
- ¿De Navidad?
- Frío, frío, dijo Don Floripondio, queriendo hacer un juego.
- ¿Se trata de algún tema de fantasía?
- Frío, frío, volvió a repetir Don Floripondio mientras reía con gracia la intriga en la que había metido.
- ¿Se trata de algún tema de fantasía?
- Frío, frío, volvió a repetir Don Floripondio mientras reía con gracia la intriga en la que había metido.
- Dame una pista, le dijo suplicando su amigo.
- Bueno, mira: lo formáis vosotros y el aire y el agua y...
Ya no te digo más, dijo Don Floripondio sonriendo levemente.
- ¡Ya lo sé!, dijo el árbol.
- Se trata de la naturaleza.
- Templado, templado
- Del medio ambiente.
- Caliente, caliente, dijo Don Floripondio, pensando que con esta respuesta ya había acertado.
El tema exacto era: “el cuidado de nuestro entorno a través del buen uso de la planta de reciclaje”.
A los niños les gustó mucho.
La obra tenía de todo.
- Bueno, mira: lo formáis vosotros y el aire y el agua y...
Ya no te digo más, dijo Don Floripondio sonriendo levemente.
- ¡Ya lo sé!, dijo el árbol.
- Se trata de la naturaleza.
- Templado, templado
- Del medio ambiente.
- Caliente, caliente, dijo Don Floripondio, pensando que con esta respuesta ya había acertado.
El tema exacto era: “el cuidado de nuestro entorno a través del buen uso de la planta de reciclaje”.
A los niños les gustó mucho.
La obra tenía de todo.
Un poco musical, otro poco de fantasía y mucho de aprendizaje
Era como un juego de colores y de música.
Recuerdo el estribillo de la canción que repetían mucho:
Era como un juego de colores y de música.
Recuerdo el estribillo de la canción que repetían mucho:
La planta de reciclaje
es un lugar especial
donde se guardan las cosas
que no se volverán a usar.
- ¡Que bonito y qué bueno eres conmigo!, amigo Flori, dijo el árbol.
En medio de la conversación, Don Floripondio miró el reloj.
- Es tarde y tengo que ir a casa. Mañana hablaremos más.
- Hasta mañana, le respondió el árbol, mientras veía que su amigo Flori, cerraba la puerta.

6 comentarios:
este dibujo es de mi gusto ¿de donde lo as sacado?
como mooooooolaaaaa Jose luis
soy Ramírez.
el dibujo me gusta mucho.
El dibujo está muy bien y el diálogo de Don Floripondio mejor. Me gusta todo lo que he leido.
me gustan mucho los dibujos y también lo otro.
!olé!!olé!!olé!
Publicar un comentario